Por Miguel Mazzeo
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Amauta, a cien años. La elección de un destino
En el mes de Amauta, todos los jueves y sábados de septiembre estaremos publicando las distintas partes de este texto homenaje escrito por Miguel Mazzeo.
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PARTE 8. Amauta como parte de un extenso dispositivo político-cultural. El “editorialismo programático”
En su discurso al aceptar el premio Inca Garcilaso de la Vega, en 1968, José María Arguedas, afirmó: “fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente de las cosas”. El titulo del discurso era “No soy un aculturado”. El título era tan revelador como la necesidad de la aclaración. El autor de Los ríos profundos, también reconocía que “sin Amauta, la revista dirigida por Mariátegui, no sería nada, que sin las doctrinas sociales difundidas después de la Primera Guerra Mundial tampoco habría sido nada”. Decía: “Es Amauta, la posibilidad teórica de que en el mundo puedan, alguna vez, por obra del hombre mismo, desparecer todas las injusticias sociales, lo que hace factible que escribamos y lo que nos da un instrumento de investigación […] Yo encontraba en la revista una orientación doctrinaria llena de una fe inquebrantable sobre el hombre y sobre el Perú…” Esa fe que Arguedas encontraba en Amauta era una fe que se alimentaba de la vida y de la historia. Era una fe que se basaba en la certeza de poseer una inmensa riqueza interior, una abundante capacidad de vivir y un violento anhelo de amor.
Arguedas contó alguna vez que Amauta llegaba hasta su pueblo perdido de la sierra, y que, con predisposición de iniciado, siendo un adolescente, supo devorar sus páginas en la humosa penumbra de una humilde cocina. Al mismo tiempo, Amauta llegaba a Argentina, Colombia, Chile, Cuba, Ecuador, España, Francia, México, Uruguay, entre otros países. Y es que Amauta fue concebida como un artefacto político-cultural que debía cumplir con ciertos criterios de eficacia: debía influenciar masivamente y debía generar vínculos. Para Mariátegui, Amauta debía jugar un papel activo en la constitución del Frente Único.
Por eso mismo, Amauta formó parte de un dispositivo político-cultural mucho más amplio que incluía, entre otras instancias, a la librería-editorial Minerva y a publicaciones como el boletín bibliográfico Libros y Revistas, aparecido en febrero de 1926 y pensado como un medio de difusión de los productos de Minerva. Con razones válidas, Libros y revistas, puede ser considerado un antecedente de Amauta. Aquí debemos sumar otras publicaciones, en especial los medios de propaganda sindical (periódicos, boletines, etc.), donde se destaca el periódico informativo Labor, pensado como un complemento de Amauta.
El dispositivo político cultural del que hablamos también incorporaba el grueso la correspondencia que Mariátegui sostuvo con personas de diversos países de Nuestra América y del mundo, a la tertulia en el célebre “rincón rojo” de su casa en la calle Washington Izquierda en Lima, etc.. Es pertinente incluir en ese dispositivo el impulso de prácticas tales como la creación de grupos de estudios y de bibliotecas, el desarrollo de métodos de auto-educación popular, entre otras. Por supuesto, el Partido Socialista del Perú (PSP), fundado en 1928 y la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), fundada en 1929, también fueron parte relevante de ese dispositivo. En el estudio que introduce su compilación José Carlos Mariátegui. Heterodoxia de la tradición y otros escritos, Hernán Ouviña habla de una “compleja red de creación y promoción de variados saberes, sentires y haceres emancipatorios”.
Sin dudas, la revista participaba de un proyecto político y jugaba funciones pedagógicas y organizativas. Una de las funciones de Amauta, no poco importante, era la de construir redes que abarcaran el Perú y Nuestra América toda. A puro correo o contacto directo. Con corresponsalías y diversas modalidades de intercambios. En el Perú, las redes, en su expansión, iban conformando nodos: una capa de mediaciones que incluía a figuras de la pequeña burguesía ilustrada de las ciudades: profesionales, maestras y maestros, periodistas, etc.; a trabajadoras y trabajadores de la incipiente industria, a indígenas (campesinos o mineros) con algún grado de alfabetización. Se trataba de redes de difusión, de redes políticas, pero también de redes afectivas que generaban compromisos. Y, por eso mismo, redes que, aún en su aparente precariedad, resultaban mucho más efectivas que las actuales que, como sabemos, cuentan con un soporte tecnológico infinitamente mayor. Aquellas eran “redes sociales” en sentido estricto, es decir: también eran sociales.
Precisamente ahí, en la afectividad, radicaba la clave para sortear las dificultades que presentaban las inmensas distancias geográficas y las deficientes comunicaciones de la época. En un trabajo formidable, La epopeya de una generación y una revista. Las redes editoriales de José Carlos Mariátegui en América Latina, Fernanda Beigel propuso un término clave para entender la función principal de Amauta: “editorialismo programático”. Estos aspectos de la revista, en apariencia periféricos, también deben ser considerados a la hora de rescatar el papel precursor de Amauta.

Al hablar de la condición “multipropósito” de Amauta y de su intencionalidad política-pedagógica cabe señalar la influencia de las revistas Clarté y Der Strum.
De Clarté Mariátegui tomaba el modelo de revista de cultura y política y de revista-movimiento. Tengamos presente que Clarté dio origen a una red internacional de publicaciones homónimas, tanto en Europa y como en Nuestra América. Por ejemplo: Claridad se publicó en Perú entre 1923 y 1924, primero bajo la dirección de Víctor Raúl Haya de la Torre y luego de Mariátegui; asimismo, se publicó, largamente, en Chile entre 1920 y 1932 y en Argentina entre 1926 y 1941.
En el artículo “Der Strum y Herwarth Walden”, publicado en Variedades, el 29 de enero de 1927, decía Mariátegui: “Der Strum no es solamente una revista. Es una casa de ediciones artísticas, una sala de exposiciones y conferencias, una galería de arte de vanguardia. Representa un hogar de las nuevas tendencias artísticas alemanas e internacionales”. Algo similar podría decirse de Amauta. (Walden, era el director de la revista).
Si, como se ha señalado en reiteradas ocasiones, la figura de Mariátegui se destaca como la primera e insoslayable estación del marxismo y del socialismo revolucionario de Nuestra América, debemos reconocer que Amauta replica funciones liminares en diversos campos. Amauta es un antecede insoslayable a la hora de considerar las actuales reactivaciones de las identificaciones indígenas. Amauta prefigura las formas del antagonismo comunitario, las praxis de una autonomía indígena en clave anticolonial, anticapitalista y antipatriarcal.
Es importante mencionar que Amauta, en sus críticas directas o solapadas al patriarcado, también fue vehículo de un feminismo precursor y absolutamente vanguardista en sus atisbos “interseccionales”. Mariátegui ya había mostrado su adhesión al feminismo (al “feminismo proletario”) hacia 1924. Sara Beatriz Guardia, entre otras y otros, ha resaltado el papel de Amauta como vehículo privilegiado por Mariátegui a la hora de ejercer una crítica a las discursividades machistas hegemónicas.
El paso del tiempo no ha hecho más que poner de relieve el carácter instigador de Amauta: del “pensamiento político indígena”, de las gramáticas autonómicas, del nuevo holismo, de las luchas contra las lógicas depredadoras del capital basadas en el monocultivo latifundista y en el extractivismo, en fin, de todas las luchas en defensa de “los comunes” y contra los formatos de inserción en la economía mundial basados en la acumulación por desposesión. Amauta sigue ofreciéndonos un patrón de intervención político-cultural, un modelo de instrumento contra-hegemónico.
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PARTE 1. El arte de proveer identidad a través de las palabras
PARTE 2. Decir Amauta. Conjurar la modernidad a través de la mezcla
PARTE 3. Amauta en el tiempo de la desmesura: el clima de posguerra
PARTE 4. Antecedentes, intuiciones e indicios de un nombre
PARTE 5. Instrucciones para ser una buena/un buen vanguardista
PARTE 6. La(s) tapa(s) de José Sabogal
PARTE 7: La función desfetichizadora de Amauta. Demoliendo torres
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