Por Sergio Job
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Luego de una jornada de movilización masiva y una avalancha de participación popular que fue acrecentándose de manera irrefrenable la semana previa a la votación en el congreso, en redes y medios, aulas y barriadas, los senadores se vieron forzados a rechazar parcialmente la ley que impulsaba el despojo, la extranjerización, el saqueo, la destrucción y la violencia sobre nuestra tierra y sus pueblos. Como todo triunfo, ahora tiene muchos padres, y se escuchan por doquier explicaciones cuasi mágicas de qué y cómo sucedió esta derrota estrepitosa para los planes de un gobierno, a esta altura tan cipayo como endeble. Por esa razón creímos necesario hacer esta nota-itinerario, mostrar este recorrido -que es sólo un recorrido posible más entre muchos otros-, de quienes gestamos desde abajo este triunfo popular parcial sobre el gobierno tecnofeudal de Milei. Aún falta dar por tierra la media sanción que obtuvo una parte del proyecto.
A principios de abril veíamos con preocupación un proyecto de ley que impulsaba Sturzenegger: “Ley de Inviolabilidad de la propiedad privada”, la que en palabras de su autor buscaba cambiar el paradigma de la relación Estado-propiedad para defender a los propietarios. Leímos el proyecto y comprendimos que ahí se jugaba un partido realmente central de lo que somos, queremos y podemos ser como pueblo y como Nación.
Fue así que desde Córdoba Comunidad nos pusimos en marcha, en medio de la organización del ciclo “¿Quién nos alimenta?”, de acompañar a las cooperativas de naranjitas frente al intento de prohibición de su trabajo, de presentar el Programa de Derechos Humanos y Acceso a la Justicia de la Facultad de Derecho, del ciclo de charlas “Mayo Cordobés” que todos los años impulsan les compañeres de La Eguren en la Facultad de Sociales, de las Brigadas de Acceso a la Justicia. Mientras sosteníamos la diaria en cada uno de nuestros territorios de base, allá en Sebastián El Cano, Villa María del Río Seco o Cerro Colorado en el norte cordobés, como por Los Molinos, San Isidro, Quintana, o el Refugio Libertad hacia el sur, como en las barriadas capitalinas o los pasillos universitarios. Enreverado con todo eso comprendimos que acá, en este proyecto de ley que pretendían los infames que gobiernan, se jugaba un partido importantísimo y nos dispusimos a jugarlo.
Sabíamos que no éramos los únicos, y fue así que hablamos con otros compañeros que también estaban preocupados, y tuvimos las primeras reuniones donde participaron compañeras ambientalistas, de la mesa de barrios populares, algunas docentes de la universidad. Entre todas fuimos estudiando y comprendiendo más profundamente el proyecto, pusimos objetivos concretos: dar a conocer esta barbaridad que querían aprobar acompañando con explicaciones y datos concretos, empezar a generar una masa crítica que lograra presionar a las cámaras legislativas que iban a tratar el proyecto, poner en movimiento a nuestro pueblo desde abajo, porque como viene siendo sintomático en estos años, los dirigentes brillaban por su ausencia, desinterés o incapacidad.
Así fue que la compañera Noe Feldmann sacó una primera nota en La Tinta, recogiendo las voces compañeras que explicaban de qué iba ese proyecto, y empezamos a brindar las primeras entrevistas. A la par se impulsó una juntada de firmas contra el proyecto que rápidamente fue creciendo hasta juntar unas 500 en contra. Empezamos a enviar las primeras notas a diputadas y senadores cordobeses, mails y mensajes de texto. A todos y todas, sin importar la pertenencia partidaria. Así fueron sucediéndose los diálogos y también los silencios cómplices, de aquellos que nunca dan la cara. Nos recibieron por separado las diputadas que expresan tres sectores distintos del peronismo mediterráneo: Gabriela Estévez, Natalia De La Sota, Carolina Basualdo; escucharon nuestras preocupaciones y razones, nos compartieron sus pareceres. Insistimos con mails y mensajes a todas y cada uno del resto de senadores y diputados, la respuesta: silencio.

Nos juntamos con sectores de la Iglesia Católica, a quienes también les trasladamos nuestros pareceres y preocupaciones, las que también compartían. Y fue desde ese diálogo y confluencia, donde junto a la Mesa de Barrios Populares comenzó a gestarse el primer triunfo: voltear el título que buscaba derogar la Ley 27.453 de Barrios Populares, que tanto esfuerzo, lucha y trabajo a lo largo de años nos había costado construir, logrando de ese modo proteger a los casi 5 millones de compatriotas que viven en barriadas populares en nuestro país y que quedarían expuestos a posibles desalojos de sus hogares. Queda aún la tarea de recuperar la Secretaría de Integración Socio-Urbana que realizó una tarea concretísima de miles de obras para dignificar y solidificar la vida y derechos de nuestros hermanos y hermanas que viven en barrios populares, Secretaría y Fondo Fiduciario que el odio clasista de este gobierno hizo trizas.
A la par se fue tejiendo un espacio de confluencia federal de organizaciones campesinas, indígenas, urbanas, sociales, políticas, espacios académicos y jurídicos, que sistematizando reuniones, compartiendo información, dividiendo tareas por jurisdicción, logrando acuerdos, confiando diálogos y tarea de cabildeo en diversos compañeros/as de distintos espacios, fue construyendo una confluencia colaborativa entre distintos. Mientras se iba ganando músculo organizativo, las propias contradicciones internas del gobierno, agravadas por los escándalos de corrupción que fueron emergiendo (sobre todo el caso Adorni), generaron que el tratamiento legislativo se postergara en 4 oportunidades.
Así llegó el mundial. Y todo este caldo de cultivo que viene gestándose desde hace años, que se profundizó ante el gobierno más entreguista y cipayo que podemos recordar, hizo eclosión en la semifinal ante el eterno enemigo de la Patria: Inglaterra. Ganamos, y en medio de los festejos alguien desde la hinchada tiró una bandera (un trapo, como dice Mazzeo en su artículo) que estaba prohibida por los oscuros designios de la corrupta FIFA, la tomaron los jugadores, se viralizó, funcionó como catalizador de todo lo que se venía cociendo a fuego lento: Las Malvinas son argentinas. Nunca fue un partido más.
Pero para los relatos comunicacionales, recién acá, por obra de magia, comienza la historia que da por tierra con gran parte de la Ley de extranjerización de la Tierra. Generación espontánea. Las dos páginas anteriores para los comentaristas y panelistas televisivos no existieron. Tampoco lo que vino después. Borran (convenientemente para algunos) la profunda convicción que tenemos muchos de que esta etapa es con la cabeza de los dirigentes, porque ya esperamos demasiado a que se pongan enfrente, mientras ellos siguen discutiendo vaya a saber qué cosa: que quién es el candidato, que si les sueltan un vueltito más o menos para gobernar, que si las encuestan suben o bajan. La Patria y el pueblo: bien, gracias.
La historia que siguió es más conocida: una ola de voluntades colectivas e individuales que fue creciendo hasta volverse tsunami que amenazó con llevarse puesto a propios y extraños si esa ley se aprobaba sin más. Fue así que se lograron bajar dos títulos más. Tres de los cinco caídos por la lucha popular. Ahora nuevamente aparecen relatos donde supuestos genios de la política habrían llamado a gobernadores, y senadoras kirchneristas se creen muy vivas haciendo mensajes encriptados en X, donde pone las iniciales de un empleado de financieras transnacionales, último candidato del pejotismo, para volver a instalarlo como el candidato “natural” del espacio dizque nacional y popular. ¿En serio les da la cara? ¿En qué juego creen que estamos? La desconexión con la realidad que estamos atravesando las mayorías, pero también con la de una historia de grandeza, dignidad y lucha que tiene este pueblo, es enorme, es vergonzosa.
Sabemos desde hace mucho que es con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Esta nueva batalla es otra muestra más que es hora de una profunda renovación y que una nueva camada de referentes estamos dispuestos asumir el lugar de que quienes por comodidad, incapacidad o interés han desprestigiado a la política, desarticulado los procesos de organización popular por priorizar intereses individuales, y dado la espalda a los sentires y necesidades más profundas de nuestro pueblo trabajador. Es hora que vayan haciéndose a un lado, y es momento también que las nuevas camadas militantes asumamos con la mayor responsabilidad la cuestión de la unidad desde abajo para defender los intereses de nuestro pueblo, poner eso por delante de cualquier chiquitaje, y en ese mismo movimiento, seguramente, barrer con dirigencias vetustas y oxidadas.
Ahora queda dar por el suelo en diputados con lo que queda de la nefasta ley Sturzenegger, y exigir su renuncia. A concentrarnos en eso, sin especulaciones ni retaceos, a organizarse y luchar porque es lo que está bien, lo que es correcto, porque la Patria está en peligro y ya es hora de frenar a este gobierno neo-colonial. Sabemos que otro país es posible y nos toca construirlo.
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Fotos portada: Plaga Colectiva