Por Instituto Plebeyo y Revista Resistencias
Febrero 2026
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Luego de un 2025 difícil, complejo, atravesado por las mil y una dificultades en la vida política, económica y social de las grandes mayorías que habitamos la Argentina, comenzamos este 2026 sumergidos en una tormentosa y agitada coyuntura internacional, con golpes anímicos y políticos para los pueblos de Nuestra América de inusitada envergadura.
Tras un año de trabajo conjunto entre el Instituto Plebeyo y Revista Resistencias en este ámbito de producción digital de CONTRATAQUE (aqui), lejos de quedarnos en la quietud de la desesperanza o regodearnos en la impotencia de quien pierde la confianza en la capacidad de la humanidad para transformar su entorno y construir un mundo más justo e igualitario, renovamos nuestro compromiso para seguir sosteniendo esta apuesta autogestiva por construir las imágenes y los textos que contribuyan a mantener en pie un determinado legado y alimentar esta comunidad crítica de lectores, diseñadores y escritores que no deja de apostar por resistir la ofensiva imperialista en curso, tratar de fugar de la terquedad de nuestros propios automatismos y reinventar horizontes de emancipación desde Argentina y Latinoamérica para el mundo entero.
La intervención militar gringa en Venezuela traza un parteaguas en la historia de nuestros pueblos. El ascenso de las extremas derechas en diferentes países del continente, con sus marchas y contramarchas, sus triunfos y derrotas electorales, sus golpes de Estado consumados y las mil y una intentonas reaccionarias, parecen haber terminado de acoplarse con la estrategia geopolítica del imperialismo norteamericano que baja desde el norte, consolidando una estrategia de pinzas de la que, por ahora, no estaríamos pudiendo zafar.
Quisiéramos interrogarnos con valentía y severidad qué quedará de la experiencia común de la humanidad tras esta pesadilla devenida realidad, que, desde Gaza a Caracas, pasando por Nueva York o Minnesota, acecha con reavivar los fantasmas extremos de derechas neofascistas a escala internacional.
¿Qué quedará de nuestros anhelos de liberación cuando esta tormenta pase –porque todo tiempo histórico, por más adverso que sea, tarde o temprano muta–? ¿Qué hacer y qué dejar de hacer para que, pese a las demoras, los contratiempos, los desvíos, los retrocesos que se nos impongan en este tiempo histórico, no extraviemos el rumbo de los proyectos de emancipación? ¿Qué hacer y qué dejar de hacer para contribuir a que cambien los vientos de la historia, y cuando esto suceda no quede de nuestras fuerzas mera tierra arrasada? ¿Cómo contribuir a torcer el curso de los acontecimientos antes que sea demasiado tarde? ¿Cómo resistir cuando esa orgullosa obstinación tan nuestra, la de quienes se nos juega la existencia en la construcción de una sociedad alternativa a la de la barbarie capitalista, se ve sin embargo atravesada por prácticas que vienen demostrando ya haber quedado obsoletas? ¿Puede algún manojo de imágenes y textualidades ayudarnos a transitar la tormenta sin extraviar el rumbo? ¡No lo sabemos! Pero apostamos por ello. Imaginamos que otras y otros, por aquí y por allá, también. No nos resignamos a ser pasajeros en tránsito de los caprichos y bravuconadas del mando del capital durante el curso de este proceso de repartija de los poderes del mundo al que asistimos.
¿Hubo un tiempo que fue hermoso y fuimos libres de verdad?… De los buenos nuevos (¿nuevos?) tiempos del “ciclo progresista” de inicios de los dos mil (y sus antecedentes de insurrecciones, rebeliones y luchas “desde abajo”), incluso en sus mejores estadíos como lo fueron las propuestas de “socialismo del siglo XXI” de la Revolución Bolivariana en Venezuela y el “proceso de cambio” en Bolivia, nos quedan hoy, tan sólo, un sinfín de lindos recuerdos (de enseñanzas, de aprendizajes aún por realizar en otros contextos más auspiciosos que seamos capaces de protagonizar).
La memoria histórica de luchas y conquistas compartidas; los reproches por no haber disfrutado lo suficiente eso que estaba sucediendo; las autocríticas por habernos conformado sólo con lo conquistado hasta allí; las muecas por no haber logrado llevar los procesos más allá, y “radicalizarlos”, como suele decirse… nada de todo esto tiene un real sentido político si no somos capaces de afrontar la nueva y desfavorable situación histórica (intuimos que no es tan sólo una coyuntura), para poner en pie nuevas barricadas.
No se trata sólo de registrar aquella verdad de Perogrullo de que las conquistas obtenidas, lejos de ser inmutables y eternas, pueden revertirse, sino advertir con crudeza que nuestras líneas de defensas se revelaron menos eficaces de lo que presuponíamos. Basta tomar en consideración el hecho de que todo parecería indicar que Venezuela (baluarte simbólico, y en su momento, puntal material de los procesos de cambio que signaron el principio del siglo en la región), al fin de cuentas, ni por asomo será un “nuevo Vietnam” para los gringos. Algo similar sucedió en Argentina cuando se decía que “si tocaban a Cristina”, alto quilombo se iba a armar. La expresidenta casi fue asesinada, terminó presa, y algún quilombo al respecto aún reclama el pasaje de la consigna al acto. Bolivia, después de reponerse de un golpe de Estado, ve cómo las fuerzas de derecha se quedan con el poder político tras una elección en la que aquella nueva izquierda que supo ser referencia para el mundo entero hoy es ampliamente dejada de lado por las grandes mayorías populares del experimento plurinacional. Brasil, México, Colombia, Uruguay sobreviven cosechando todos nuestros apoyos, pero sin despertar demasiados entusiasmos respecto de nuevos aires de emancipación para la región.
Somos de aquellas y aquellos convencidos de que no hay retorno posible al “paraíso perdido” del Progresismo. En nuestro país, puntualmente, el triunfo electoral de este cruel laboratorio autodenominado “La Libertad Avanza” en las elecciones de medio término de octubre del año pasado, terminó por revelar el cierre de una etapa y la apertura de un nuevo momento histórico, que intuimos va en sincronía con los nuevos aires en el continente y en el mundo. Y resulta necesario ver de frente esta realidad. Otra vez, vastos sectores de las mayorías populares parecerían, pese al detrimento en sus condiciones materiales de existencia y la intensificación del sufrimiento, seguir optando por aventurarse en el proyecto societal que la extrema derecha argenta hoy simboliza en la figura de Javier Milei.
Por otro lado, o como correlato de lo anterior, todo parecería indicar que ninguna de las elaboraciones que ha logrado desarrollar la intelectualidad crítica se encuentra próxima a precisar el movimiento de mutación social real que experimentamos. Y mucho menos, a conmover la tendencia de consolidación de “las ideas de la libertad” que se ha instalado de un tiempo a esta parte. Quizás sea mejor amigarse con la idea de que no sabemos qué hacer, antes de seguir sin más, como si nuestros desatinos de anteayer no hubieran tenido lugar.
Romper algunos de los automatismos y lastres que arrastramos resulta hoy fundamental, intentar abrir y sostener una serie de conversaciones que posibiliten detener la marcha, levantar el cuello para poder respirar, cuidar nuestras fuerzas, recobrar energías para más temprano que tarde lanzar la contraofensiva política, ideológica, afectiva que nos permita reanudar la larga marcha hacia la emancipación. Mientras tanto, desde nuestra humilde esquina del pensamiento crítico y la comunicación popular, seguiremos semanalmente contribuyendo con dosis de imágenes y textualidades para el contrataque cotidiano, ese que busque combatir el conformismo y la resignación, en este camino por entrelazar historia, teoría y actualidad política, en la estela de intersección de las tradiciones de izquierda y las nacional-populares, para sostener la antorcha encendida de la perspectiva revolucionaria.
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