Darío, Evita, Santucho: historia de tres fotos

Darío, Evita, Santucho: historia de tres fotos

El activismo barrial y piquetero de Darío Santillán está retratado en una cantidad de potentes imágenes. Estas fotos –hasta ahora inéditas–, en cambio, reflejan otro aspecto de su militancia: las vertientes ideológicas que influyeron en su formación.

Por Pablo Solana

De Darío Santillán –asesinado junto a Maxi Kosteki el 26 de junio de 2002 en la Masacre de Avellaneda– se conocen un centenar de fotos de su militancia, y algunas más de su familia y sus amistades. Es una buena cantidad, si se tiene en cuenta que, en su época, fotografía y telefonito eran asuntos separados (Darío apenas usó, durante su último año de vida, el teléfono celular del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Lanús, uno de los viejos, sin pantalla). Además, en los barrios, pocas veces había una cámara a mano. 

Hasta ahora creíamos haber compartido todas las imágenes que teníamos de él, pero hace poco Flor Vespignani encontró estas tres que no se habían difundido aún. Son de su militancia primera. La que unía, en una mixtura ideológica potente, a figuras del peronismo combativo con el guevarismo del Che, pero también del PRT.

Están en dos álbumes viejos de fotos impresas, de 10 por 15 centímetros. Cada uno tiene espacio para alojar las 36 tomas que permitía el rollo más grande (suponiendo que todas salieran más o menos bien, porque las fallidas no se imprimían). Las fotos fueron tomadas con una cámara manual y reveladas en un laboratorio. Una Canon, cree recordar Flor, compañera de militancia de Darío y autora de los registros que lo muestran a él protagonizando un momento de su militancia casi desconocido: el paso –fallido– del Movimiento La Patria Vencerá (MPV) al Movimiento Patriótico Malón. 

Se trata de fotos tomadas al conjunto, no específicamente sobre Darío. Sin embargo, descubrirlo en esas movilizaciones brinda un dato político de importancia, de valor documental. La calidad del zoom sobre su figura, en cada caso, no es buena, pero prima el valor histórico por sobre la falta de nitidez de la imagen. No hay la más mínima duda de que se trata de Darío Santillán.

Uno de esos álbumes reúne las imágenes de la Marcha de la Resistencia de 1999. 

Las Madres habían convocado a la 19° Marcha de la Resistencia los días 30 y 31 de diciembre, para esperar el año 2000 en la Plaza de Mayo, luchando. Cerca de la medianoche del 31, Hebe de Bonafini tomó la palabra: “Mientras haya millones muriéndose de hambre, esta plaza será para reclamar; nació para la revolución y la revolución se hace todos los días, todos los minutos de la vida… ¡El ´hombre nuevo´ del que hablaba el Che son ustedes, chicos! Les queremos transfundir la sangre hermosa y caliente que nuestros hijos nos enseñaron a derramar con generosidad para entregarla, para que todos podamos vivir en libertad”. Fue una arenga encendida, apasionada –como todas las de Hebe– que la Asociación Madres de Plaza de Mayo calificó de “histórica” y aún puede escucharse en este video. Contrastes: minutos después de sus palabras se verían los festejos de Año Nuevo de los nuevos ricos de Puerto Madero, a pocas cuadras de la Plaza.

La foto de Darío llevando la pancarta del dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), vistiendo una remera del Che, es de esa misma marcha. “Comandante Santucho”, dice la tela, alrededor del dibujo de un rostro que, sin la leyenda, sería difícil de identificar. Las palabras de Hebe, por aquellos años, eran muy sentidas por la juventud que empezaba a militar. “Nos pesa mucho la valoración de todos aquellos que dieron la vida, más de 30 mil compañeros que pelearon por lo mismo que estamos peleando hoy. Lo que sentimos en carne propia es que somos los mismos que pelearon en aquellos años. Somos la continuidad de esa historia”, dirá Darío, y quedará grabado en un audio de FM La Tribu, en otra Marcha de la Resistencia, dos años después.

Fernando De la Rúa había asumido la presidencia 20 días antes de esa marcha. A poco de asumir, el 17 de diciembre de 1999, su gobierno ordenó una represión criminal en el puente General Belgrano que une Chaco con Corrientes, donde fueron asesinados por las fuerzas federales dos jóvenes desocupados, Mauro Ojeda y Francisco Escobar. La militancia juvenil de Darío Santillán se combinaba, por esos meses, con la búsqueda de formación y de una organización política que le permitiera ver más allá de la lucha social.

La pancarta de Santucho que llevaba Darío era parte de una serie que habíamos preparado en el Movimiento La Patria Vencerá (MPV). En la misma foto se ven –o pueden adivinarse– otras figuras históricas que reivindicábamos: Evita, el Che y el padre Mugica. En otras imágenes se identifican otras más: la fundadora de Montoneros, Norma Arrostito, Rodolfo Walsh y el general San Martín.

Las otras dos fotos en las que se lo ve a Darío están en el otro álbum, que tiene fecha de unos meses después: 24 de marzo de 2000, la movilización a 24 años del golpe genocida. Allí volvimos a marchar con las mismas pancartas, pero esa vez bajo una bandera que resultó más grande, ambiciosa y a la vez efímera para Darío: la que se ve con el dibujo de una tacuara, y arriba, fuera de cuadro, el nombre: Movimiento Patriótico Malón.

Ese día Darío cumplía dos años de militancia. Se había integrado a la agrupación juvenil 11 de julio a partir de una actividad en el centro de Quilmes el 24 de marzo de 1998. Allí había conocido a Mariano Pacheco, con quien estableció un vínculo de confianza política y amistad. Reivindicaban al Che, las luchas revolucionarias de los años 70 y viejas consignas montoneras que publicaban en revistas artesanales o pintaban en murales callejeros. En un folleto definían sus ideas como parte del “nacionalismo latinoamericano, popular y anticapitalista”.

La agrupación juvenil en la que empezó a militar Darío era parte del “trabajo de masas” del Movimiento La Patria Vencerá (MPV), una organización política que se proponía recrear un “nacionalismo popular revolucionario” que sintetizara “lo mejor de las tradiciones revolucionarias argentinas”. El MPV era conducido por un núcleo de jóvenes peronistas de la zona sur del conurbano bonaerense, exintegrantes de la agrupación Descamisados, que se habían radicalizado a partir de la confrontación con el menemismo. Eso los había llevado a romper con el PJ y a explorar vías independientes de organización. El paso por ese grupo fue importante para la formación política de Darío y de los jóvenes que militaban con él. Allí Darío leyó los documentos montoneros de Rodolfo Walsh, estudió la polémica que sostuvo el dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) Carlos Olmedo con el líder del PRT Mario Santucho, conoció un libro de Hugo Chávez (que por aquellos años recién empezaba a tener protagonismo a nivel continental) y también obras clásicas de Marx, Lenin y Mao Tse Tung.

Aquel 24 de marzo de 2000 fue la última vez que Darío se movilizó con el MPV, que estaba en proceso de transformarse en el Movimiento Patriótico Malón, resultado de la fusión con otro grupo cercano. Algunos militantes nos alejamos de ese proceso por diferencias políticas, y decidimos concentrar los esfuerzos en masificar los movimientos de Trabajadores Desocupados. En junio de ese año, ya alejados del MPV - Malón, junto a Darío, Flor, Mariano y el negro Luis publicamos un cuadernillo titulado Apuntes para la militancia – Estrella Federal, que sintetizaba nuestra política en ese momento. En similar sentido de la reivindicación que expresaban las pancartas de las fotos, ese título era un guiño a una serie de textos que había publicado John William Cooke durante la resistencia peronista en los años 60 (Apuntes…) y a una revista montonera de los años 70 (Estrella Federal). Sin embargo, la línea política que definimos en ese documento no tenía tanto que ver con el pasado sino más bien con el momento histórico, la etapa y la coyuntura que estábamos viviendo; allí afirmamos que la ofensiva neoliberal de los 90 estaba en crisis y que se la podía derrotar; que lo más adecuado para la etapa era el impulso de movimientos de masas que no escindieran la lucha reivindicativa de la lucha política; que debíamos reafirmar el horizonte estratégico, expresado en ese momento en la consigna “Trabajo, Dignidad y Cambio Social”, que se convirtió en bandera de una parte importante del movimiento piquetero. Ese cúmulo de lineamientos definía una especie de “insurreccionalismo de resistencia” en función de un ideario revolucionario y anticapitalista, aunque sin mayores certezas sobre qué hacer si la resistencia resultaba exitosa y habilitaba el paso otra etapa (esa falta de proyección política quedó expuesta después del estallido de diciembre de 2001).

Como parte de esa orientación, una vez terminado el colegio secundario, Darío participó de las primeras asambleas de desocupados en el barrio Don Orione, donde vivía. De allí surgió el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de esa localidad, Almirante Brown. Después se sumó a una toma de tierras en el Barrio La Fe, en Lanús, organizada por el MTD de esa localidad. Allí Darío se puso a militar; en poco tiempo se convirtió en referente del barrio y de la organización.

A partir de allí, su historia es más conocida(*). Estas fotos que aquí presentamos nos permiten, en cambio, conocer su historia previa, la de su formación política inicial, tan determinante para su compromiso revolucionario y para el de una parte importante de su generación.

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(*) En internet se puede consultar la entrada biográfica sobre Darío en el Diccionario Biográfico de las Izquierdas Latinoamericanas, Movimientos Sociales y Corrientes Políticas y el libro Darío y Maxi, Dignidad Piquetera. El gobierno de Duhalde y la planificación criminal de la masacre del 26 de junio de 2002 en Avellaneda. Otros materiales muy valiosos, aunque no disponibles en versión digital libre, son los libros De Cutral Có a Puente Pueyrredón, de Mariano Pacheco, y Darío Santillán. El militante que puso el cuerpo, de Mariano Pacheco en coautoría con Ariel Hendler y José Rey. En video, puede verse La crisis causó 2 nuevas muertes, de Damián Finbarb y Patricio Escobar, y Darío Santillán. La Dignidad Rebelde, de Miguel Mirra.