La psicopolítica: otra escena de la lucha de clases

Por Carlos Alberto Castro y Gabriel Rodriguez Varela 

I.

La psicopolítica: otra escena de la lucha de clases 

Las dimensiones anímicas, afectivas e ideológicas (psicopolíticas) de la lucha de clases, no pueden quedar por fuera de los programas de acción de cualquier proyecto con pretensiones de transformar la realidad. Requieren de la elaboración de una respuesta programática deliberada, al tratarse de dimensiones socio-materiales en las que también se debate y elabora (de manera específica y diferencial con relación a la micro y macropolítica) la dialéctica sujeción/emancipación respecto a la dominación capitalista, y el entramado de opresiones involucradas en la reproducción de su nexo social. En las actuales condiciones históricas de las sociedades en las que impera el modo de producción capitalista, el teatro de operaciones psicopolíticas se presenta como un plano de la realidad en el que, incluso de manera realmente inconsciente (nanopolítica), se disputa la eficacia subjetiva de cualquier proyecto emancipador o político. 

Aceptado este diagnóstico, se imponen algunas preguntas: ¿cuáles son los programas de acción de los que disponemos las fuerzas de izquierdas, nacionales-populares y emancipatorias para intervenir en el teatro de operaciones psicopolíticas? ¿Será acaso que no los consideramos necesarios? ¿O los damos por sentado en los términos previos de mística, sentimiento o ideología revolucionaria? ¿Cómo interferir en la eficacia subjetivante de los dispositivos de poder de las extremas derechas en este escenario? ¿Cómo producir subjetividades antagonistas a las de la competencia mercantil falocrática, racialista, capacitista, supremacista? 

Las extremas derechas del capital lo tienen claro: la psicopolítica es –y ha sido– un plano de realidad estratégico de primer orden. Por caso, algo que testimonia la centralidad adquirida por la denominada “acción psicológica” en las dictaduras cívico-militares desarrolladas en la región latinoamericana. Bajo la égida de la Doctrina de la Seguridad Nacional y la contrasubversión como medio de la pacificación capitalista y neoliberal, la psicopolítica se ha posicionado como factor fundamental para la efectividad de dichas estrategias de conservación del “orden”. Y no lo es menos actualmente: en el marco de la “batalla cultural” que explícitamente dicen estar librando las extremas derechas del capital. 

Para las izquierdas de la década de los años sesenta y setenta, por su parte, la subjetividad afectada de inconsciente (o si se prefiere, el teatro de operaciones psicopolítico) supo presentarse como otra escena de la lucha de clases. Escena que para su transformación se tornaba indispensable desarrollar propuestas programáticas de intervención. El legado de nuestrxs maestrxs de la sospecha psicopolítica: Marie Langer, León Rozitchner y Sylvia Bermann, son parte de los testimonios de esto; componiendo algunos de los múltiples ensayos de articulación situada (no solamente teórica) entre acción política revolucionaria y psicoanálisis desarrolladas en la región por aquel entonces. Los fascismos también se dieron históricamente la tarea de interrumpir ese tipo de encuentros, muchas veces con relativo éxito.  

II.  

El ultra-conciencialismo pre-reichano, el espontaneísmo y la tecnocrapsia son obstáculos para la emancipación

Para los universos de referencia de las izquierdas y las tradiciones nacionales-populares emancipatorias, toda intervención sobre la subjetividad parece quedar subsumida dentro de tres escenas paradigmáticas: a) una cierta pretensión pedagógica, abiertamente ultra-conciencialista (y por ende, previa a la intervención de Wilhelm Reich), más o menos dispuesta a arrogarse la facultad de ilustrar a las masas sobre sus verdaderos intereses de clase; b) un espontaneísmo mágico, en función del cual se supone que la pauperización de las condiciones materiales de la clase trabajadora llevará por sí sola a un estallido social que, casi que por acto reflejo, producirá un cambio favorable en las correlaciones de fuerzas psicopolíticas; c) la solución psico-técnica-burocrática, presente incluso cuando ya se ha hablado mucho sobre la conexión que hay entre la intensificación del sufrimiento psíquico que lxs proletarixs experimentamos a diario y el avance de las extremas derechas sobre nuestras vidas. Se trata aquí de la subsunción de los imaginarios de politización del sufrimiento a las respuestas técnicas consagradas por las disciplinas psi; siempre dependientes de la presencia e intervención (cuando no la dirección) de les profesionales psi en el marco de políticas públicas y estatales en Salud Mental. 

Ya sea por la dominancia de respuestas psico-técnicas-burocráticas, por la persistente apelación a esquemas de politización de la subjetividad abiertamente conciencialistas y economicistas, o por la obstinada apuesta por el espontaneísmo, la elaboración de respuestas programáticas dispuestas desde una racionalidad político-militante de izquierda para hacer frente a los desafíos del teatro de operaciones psicopolítico, persisten como asignaturas pendientes en nuestros programas de acción. Siguen por fuera del campo de los desafíos militantes. Y como decantado de esto, la ineficacia continúa ofreciéndose como el denominador común del instrumental que disponemos para intervenir en las dimensiones subjetivas e inconscientes de la lucha de clases. 

El teatro de operaciones psicopolítico continúa siendo tierra liberada para la eficacia subjetivante de los dispositivos de las extremas derechas del capital. El instrumental que tenemos a disposición, consagrado menos por su eficacia actual y/o reciente que por sus réditos en momentos históricos pasados, no logra conectar con las verdaderas dimensiones en las que transita la disputa por los ánimos y los afectos de la población en nuestro momento. 

III.

Las masas no desearon ni desean la extrema derecha. Antes bien, fueron y son engañadas: pero el engaño fue producto de la decepción engendrada por las fuerzas de izquierda progresistas, nacionales-populares y emancipatorias, en las que depositaron, hace no mucho tiempo, sus esperanzas. La recomposición psicopolítica de nuestras fuerzas no deja de presentarse como uno de los desafíos urgentes de la actual coyuntura. La invención de nuevas referencias prácticas para intervenir en el teatro de operaciones psicopolíticas, también.