La historia de la salud mental en Argentina la podemos leer como un archivo de luchas y militancia. Es una historia atravesada por disputas, debates, tensiones, violencias, prohibiciones e intereses contrapuestos. Particularmente a mediados del siglo pasado, durante la década de los 60´ y 70´, se produjeron una serie de transformaciones teóricas, prácticas, institucionales y políticas, que derivaron en numerosas experiencias colectivas: la Coordinadora de Trabajadorxs de Salud Mental, la Federación Argentina de Psiquiatras, la Peña Carlos Gardel, los colectivos Plataforma y Documento, las prácticas grupales y comunitarias en los hospitales públicos, y un largo etcétera que da cuenta de la imbricación que había entre militancia y horizonte estratégico revolucionario, prácticas de salud mental, psicopolítica y lucha de clases. Salud mental y revolución no eran palabras contrapuestas para este movimiento.
La última dictadura cívico-militar vino a aniquilar las múltiples experiencias organizativas y prácticas terapéuticas-militantes que se estaban llevando a cabo en el campo. Además del saldo de 110 trabajadorxs y 66 estudiantes de la salud mental detenidxs-desaparecidxs, los “otros desaparecidos” fueron las teóricas y prácticas contrahegemónicas que se estaban elaborando, particularmente de orientación grupal y comunitaria, las cuales tenían una fuerte impronta y compromiso militante en conexión con los procesos políticos revolucionarios en curso.
Finalizada la dictadura y de vuelta a la democracia, los posteriores años se caracterizaron por la consolidación del Modelo Médico Hegemónico, el desarrollo y crecimiento del psicoanálisis lacaniano estableciéndose como una orientación hegemónica en el campo psi, la difusión y enseñanza en la formación universitaria de la práctica clínica individual como la principal y única forma de tratamiento, en desmedro de los abordajes grupales y comunitarios, etc. La aprobación de la Ley Nacional de Salud Mental (LNSM) en el año 2010, impulsada por un movimiento transversal que incluyó las organizaciones de derechos humanos, las agrupaciones de pacientes y familiares, colegios profesionales, colectivos militantes, vino a cambiar el paradigma predominante, incorporando la perspectiva comunitaria, antimanicomial, de derechos humanos e interdisciplinaria, influyendo fuertemente en la agenda política y debates académicos.
Ahora bien, a pesar de los avances que representa la LNSM en múltiples sentidos, en las instancias académicas y de investigación tradicionales (congresos, jornadas, foros, charlas, ateneos, etc.) suelen predominar tres aspectos: Uno, la presencia marcada y casi exclusiva de las profesiones psi (psicoanalistas, psiquiatras y psicólogxs) como locutores disciplinariamente legitimados y (sobre) valorados. Dos, la mínima o nula presencia de las personas destinatarias de las políticas de salud mental, es decir, pacientes, usuarixs, ex usuarixs, sobrevivientes de la psiquiatría, organizaciones de familiares, etc., en términos de una participación activa en primera persona, y no como merxs espectadorxs. Tres, en lo concerniente a la salud pública, una mirada a-crítica e idealizada del rol del Estado y las políticas públicas, acotando los debates al cumplimiento de la Ley Nacional de Salud Mental, y minimizando o dejando en un plano secundario las experiencias de salud mental obrera y popular que surgen de comunidades y colectivos autoorganizados.
En ese marco, y en un contexto de ofensiva neofascista y neoliberal que viene arrasando con lo público y lo comunitario, es que nos vemos en la necesidad de impulsar este Convite Revolucionaria ¿Por qué? Porque necesitamos encontrarnos entre quienes, organizadxs y no organizadxs, individual y colectivamente, venimos, de distintas maneras reflexionando y poniendo en práctica una (contra)salud mental “desde abajo y hacia la izquierda”. Sea en un consultorio privado, un hospital, una escuela, un centro de salud, una casa cultural comunitaria, un grupo de apoyo mutuo, una organización política de base, etc., nos referimos a experiencias autogestivas, colectivas y comunitarias que apuestan por una praxis política-terapéutica que cuestionan y les hacen frente a las capturas patologizantes, psicologizantes, medicalizantes, psiquiatrizantes, profesionalizantes y estadocéntricas. Una práctica que no se deja cooptar por las corporaciones médicas, psiquiátricas y/o psicoanalíticas. Valoramos en ese ese sentido las experiencias autogestivas en primera persona que no encuadran en el realismo profesionalizante de los saberes psi.
Asímismo, no podríamos dejar de señalar una cuestión que atañe más bien a cómo la LNSM ha sido metabolizada políticamente por los debates actuales en torno a la salud mental por las fuerzas de izquierda y progresistas. Según nuestra consideración, estando lejos de operar como un elemento catalizador en términos programáticos que apuntale el desarrollo de líneas de acción dispuestas a intervenir en lo anímico y afectivo desde una racionalidad político-militante; en cambio, inscribiéndose más bien en imaginarios de politización subsidiarios de horizontes en última instancia tecnocráticos. Esto es, aún en nuestros días, imaginarios que obstaculizan la incorporación de las disputas anímicas como dimensión inherente de la lucha de clases, para las cuales en necesario desarrollar respuestas político-militantes, que, si bien incluyan transformaciones en el campo de la salud mental, no se límite a esta última.
Nos motiva convocar a este Convite, al ubicar como estrategia fundamental el intercambio que permita visualizar alternativas a esta realidad sin la obturación del individualismo y el resonar de las voces que vienen a repetir en lugar de escuchar. Resaltamos en ese sentido la importancia de las miradas de las nuevas generaciones que vienen elaborando reflexiones teóricas, clínicas y políticas acorde a los tiempos que corren, incorporando distintas corrientes como el anticapitalismo, anticuerdismo, anticolonialismo, anticapacitismo, antirracismo, antipatriarcado, etc. Como así también, aquella experiencia de politización que buscan reposicionar las disputas en el campo de la salud mental, como parte del desafío de generar horizontes estratégicos dispuestos desde una racionalidad político-militante revolucionaria, para intervenir en el teatro de operaciones psicopolíticas; en el que también se debate y elabora la lucha de clases.
Ante la derecha neofascista que intenta desmantelar la salud pública, derogar la Ley Nacional de Salud Mental, darle más poder a las corporaciones psiquiátricas y farmacéuticas, privatizar los malestares; y el progresismo, que se remite a administrar los malestares, defender lo meramente existente (la Ley Nacional de Salud Mental, el Estado, las políticas públicas, la burocracia psi) sin proponer nada superador a cambio, entendemos que uno de los desafíos que se nos presentan es inventar colectivamente una imaginación psicopolítica que habilite la posibilidad de conectar nuestras prácticas con las disputas anímicas y afectivas que nos presenta la actual coyuntura de ofensiva de la extrema derecha del capital y los procesos de lucha y organización emancipatorios que resisten sus embates. Para ello, este Convite Revolucionaria busca contribuir a elaborar otros mundos de posibles en el campo de la salud mental: otras prácticas, otros relatos, otras experiencias, otras lógicas, otras sensibilidades, otros registros. Convidar a un encuentro propiciatorio de una política afirmativa, no limitada a “ir en contra de”, sino dispuesta a una construcción colectiva que nos permita relaborar una orientación emancipatoria y un horizonte revolucionario de nuestro quehacer político-militante, socio-cultural y clínico-terapéutico.
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Autoría:
-Observatorio “Sylvia Bermann” de psicopolítica y salud mental popular/ IG: @institutoplebeyo
-Biblioteca y Librería de Literatura Popular e Inclusiva / IG: @bylpli
-Encuentro Plurinacional de Prácticas Comunitarias en Salud/ IG: @saludcomunitaria.encuentro
-Com(p)adres del Horizonte/IG: @compadresdelhorizonte